Domingo, 21 Septiembre 2014

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

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yosoyelcaminoylaverdadylavidaJuan 14:1-11

"No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros. Y conocéis el camino adónde voy. Tomás le dijo: Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me hubierais conocido, también hubierais conocido a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo esté en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas.

El evangelio de Juan, y este pasaje en particular, es muy práctico. Es muy importante para uno de los problemas más comunes que enfrentamos, me refiero a la tendencia a tener una confusión profana en el corazón. Recuerda, dos semanas atrás vimos, en el versículo 21, que se Jesús se "angustió en espíritu”. Y yo argumenté que ahí hay, por tanto, una confusión santa del corazón - un desasosiego santo- causado por el amor, no por la incredulidad.

Pero aquí, en Juan 14:1, nos encontramos con una confusión profana de corazón. "No se turbe vuestro corazón”. Este es el fracaso en confiar plenamente en Dios para el problema que estamos enfrentando. A primera vista, pudiera parecer que Jesús se está dirigiendo a una ansiedad que no es aquella con la que usted está lidiando. Pero deténgase, porque Jesús da un giro sorprendente en esta historia.

Recordando la meta de este Evangelio

Usted recuerda cómo obra este Evangelio. Juan nos dice, en Juan 20:31, que su meta para nosotros es: "Éstas se han escrito para que creáis [confíen, se sientan seguros, atesoren la realidad de] que Jesús es el Cristo [la promesa - el Mesías prometido], el Hijo de Dios [la presencia misma de Dios - Dios el Hijo- entre nosotros]; y para que al creer, tengáis vida en su nombre". Y cuando dice "vida", se refiere a la conexión con la vida de Dios, mediante la conexión con Jesús. Y esa vida incluye el poder de no tener turbación profana en nuestras almas.

Así que lo que encontramos en este Evangelio es al Dios vivo, el Creador del mundo, presente entre nosotros los humanos, en nuestro mundo, en Su Hijo - la imagen y resplandor infinitamente amado, eterno de su esencia-; y es mediante la fe, al creer y recibirle por todo lo que Él es, que somos relacionados con esa imagen sobre y mediante Él para el Padre, y así compartimos una vida eterna, sobrenatural, incluso ahora.

Cómo se vence la turbación profana

Y lo que Jesús hace en el texto de hoy, Juan 14:1-11, es mostrarnos cómo Él y el Padre se unen para vencer nuestra preocupación profana en el alma, y cómo nos dan fuerza y paz para llevar adelante los sacrificios de amor que vimos la semana pasada. Y lo hace llamándonos a confiar en Jesús y el Padre, y dándonos cinco razones por las que debiéramos hacerlo. Y entre la razón tres y cuatro, Jesús da un giro sorprendente en una dirección que quizás usted encuentre más útil de lo que creía.

Por tanto, note primeramente que el versículo 1, y el versículo 11 -los primeros y últimos versículos en el texto- declaran la idea central. Versículo 1: "No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí". Versículo 11: "Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas".

Así que usted puede ver cuál es su propósito: Creencia. Fe. Y esto es lo opuesto a un corazón turbado. Versículo 1: No se turben: Confíen en mí, confíen en Dios. Y dos veces en el versículo 11: "Creed en mí", "creed". La confianza en Jesús por quien realmente es, y la confianza en Dios, son dos acciones que se incluyen mutuamente. Juan 12:44: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado”. Antes de terminar veremos por qué. La idea es: No se turben. Confíen en mí, y confiando en mí, confíen en Dios.

Él justo les había dicho, en la última cena, que se iría (Juan 13:36). Y les había dicho que no podrían ir con Él. Y le había dicho a Pedro que negaría a Jesús antes de que terminara la noche (Juan 13:38). En otras palabras: Les estoy dejando Y ni siquiera podrán resistir conmigo esta noche. Esta es una gran razón para que todos los que están en la mesa se sientan turbados.

Y Jesús dice, en el próximo versículo (ignore el salto de capítulo) "No se turben". ¡Incluso Pedro! Eso es sorprendente. "En lugar de confiar en mí, confíen en Dios" Y se lo está diciendo a usted, ahora.

Cinco razones para no estar turbados, sino confiar en Jesús

El resto de este texto (versículo 2-10) es un apoyo para esa exhortación. ¿Por qué debieran ellos - y por qué debiéramos nosotros- no estar turbados? ¿Por qué debieramos confiar en Ti en una situación como esta, o en nuestra propia situación única? Jesús da ahora cinco razones.

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